lunes, 28 de abril de 2008

ZWEG


Se trata de un dibujo para la novela Zwerg, de Long-Ohni, que cuenta la historia de un duendo que se le aparece a un hombre en el día de sumpleaños número 50. La ilustracuón fue realizada por la artista española Chema Lera

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CONTRATAPA
Zwerg lo pide todo y al mismo tiempo es avaro de sí; no ofrece nada sino dejarse ver, cada tanto, cuando se le ocurra, cuando esté en su ánimo conectarse con nosotros, que somos los otros. Cabe entender en ese relato un apólogo muy profundo y muy apremiante sobre la índole de la vida, un signo acaso demasiado claro acerca de cuánto cuesta mirar al mundo con ojos limpios y ánimo sereno... Con el añadido de que no sabemos ni sabremos nunca quién es Zwerg; acaso seas tú, acaso sea yo. Tal vez sea quien no eres, o tal vez sea quien no soy. Tal vez sea aquel que esperamos ser cuando todo se haya cumplido y las explicaciones sobren.
Si tal improbable azar llega a ser verdad y podemos mirarnos a nosotros con ojos limpios, el duende seguramente optaría por desaparecer, quizá triste por carecer ya de objetivo o quizá contento de que podamos ser sin su ayuda. No sería ya necesario verlo, juguetear con él, evitar pisarlo, para sentirnos y palpar nuestra densidad, nuestra posible realidad. Zwerg habría dejado, entonces, de ser una señal del mundo hermoso y verdadero para aquellos que, de tanto frecuentar su trato, tendrían ese mundo como cosa propia.

Fernando Sánchez Zinny
PROLOGO


Hace muchos años me juré que no iba a asociarme al mundo de los grandes. Ustedes, que son chicos, comprenderán por qué.
Me juré asimismo el recordar por siempre todo cuanto había descubierto siendo niño. Anoche, lo confieso, estuve a punto de romper mi promesa. Hoy me siento inmensamente feliz de no haberlo hecho, sobre todo porque gracias a ello Zwerg puede vivir otros mil años más.
Sé que cualquier persona mayor se reiría ahora de lo que estoy diciendo, porque según todas las ciencias, única fuente de verdad para la mayoría de las personas grandes, desde la biología a la química, pasando por la biogenética y la etnología, no existe ser animado alguno que pueda vivir mil años. Pero todo ese conocimiento enorme, fruto del pensamiento de tantos hombres inteligentes, guardado celosamente en millones de libros, laboratorios, archivos, CDs e incluso internet, ignora, muchas veces, lo esencial de ciertas cosas y no sólo porque aquello sea invisible a los ojos, como lo ha dicho sabiamente don Antoine de Saint Exupery, o El Principito, que viene a ser lo mismo.
Para ser breve, les diré que mi interés por contar esta historia responde a tres razones:
La primera es que no quisiera resultar responsable de que muchas personas, por falta de oportunidad, se pierdan un destino maravilloso.
La segunda es que, después de darme cuenta de que, de haber roto mi promesa en aquel minuto fatal, hoy sería un hombre gris y sin sentido, debo contarla, aunque me tilden de loco, para recordar por siempre que no debo quebrar mi juramento.
Y la tercera es, simplemente, porque Zwerg se merece vivir más que mil años y hasta ser inmortal. Y yo debo ayudarlo.
Ahora me encuentro solo y, aunque me siento un poco triste porque Zwerg ya no está a pesar de que sé que, ¡sólo Dios sabe cuándo!, volveremos a vernos, disfruto recordando las veinticuatro horas que compartimos juntos.
No quise dejar pasar más tiempo. Hace apenas un par de horas que se fue y yo ya he comenzado a escribir esta historia, su historia y la mía, y también la de todos los que sean capaces de mantener una promesa como la que yo hice hace ya muchos años.




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